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Una cultura de crecimiento

Una cultura de crecimiento

Los orígenes de la economía moderna
por Joel Mokyr 2016 403 páginas
3.94
427 valoraciones
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Ideas clave

1. La cultura, no solo las instituciones, impulsa el crecimiento moderno

La creencia fundamental de que la condición humana puede mejorarse continuamente mediante una mejor comprensión de los fenómenos y regularidades naturales, y la aplicación de ese conocimiento a la producción, ha sido el avance cultural que hizo posible todo lo que vino después.

Más allá de las reglas formales. El crecimiento económico moderno, especialmente el “Gran Enriquecimiento” desde 1800, no puede explicarse completamente solo por las instituciones, como los derechos de propiedad o la eficiencia del mercado. Aunque son cruciales para el “crecimiento smithiano” (comercio y asignación), no explican la explosión de creatividad tecnológica. El motor más profundo, y a menudo ignorado, es la “cultura”: las creencias, valores y preferencias compartidas por una sociedad.

Juegos contra la naturaleza. Este libro sostiene una distinción clave: las instituciones regulan principalmente los “juegos entre personas” (relaciones sociales), pero el progreso tecnológico implica fundamentalmente “juegos contra la naturaleza”. Las creencias culturales sobre la relación de la humanidad con el entorno físico —su inteligibilidad, manipulabilidad y la virtud de explotarlo— son primordiales. Estas actitudes determinan la disposición de una sociedad para investigar los secretos de la naturaleza y aplicar ese conocimiento.

Actitud y aptitud. La innovación sostenida depende tanto de la actitud hacia la comprensión y manipulación del mundo natural, como de la aptitud para convertir ese entendimiento en productividad. Este libro se centra en la primera, rastreando cómo la cultura europea, entre 1500 y 1700, cultivó actitudes propicias para la búsqueda incansable y la aplicación del “conocimiento útil”, sentando las bases para la Revolución Industrial.

2. La evolución cultural explica la transformación social

La evolución ocurre sobre variantes culturales, que no son ni mutaciones aleatorias sobre variantes existentes ni necesariamente variaciones lentas y acumulativas retenidas selectivamente.

Marco darwiniano adaptado. Comprender cómo cambia la cultura requiere un enfoque evolutivo, pero adaptado a los fenómenos sociales. A diferencia de la evolución biológica, la evolución cultural es a menudo cuasi-lamarckiana, es decir, las características adquiridas (creencias, conocimientos) pueden aprenderse y transmitirse. Implica variación en rasgos culturales, su transmisión (vertical de padres, horizontal de pares, oblicua de modelos a seguir) y selección de un menú “superfecundo” de opciones.

Más allá de la deriva lenta. Este marco supera los rígidos modelos darwinianos basados solo en la reproducción diferencial, que implicarían un cambio cultural extremadamente lento debido a las largas generaciones humanas. En cambio, enfatiza las elecciones conscientes de los individuos para adoptar o rechazar elementos culturales. Esta “evolución cultural basada en la elección” permite cambios más rápidos y dirigidos en normas y conocimientos sociales.

Complejidad y contingencia. Los sistemas culturales son complejos, caracterizados por pleiotropía (un cambio cultural afecta a varios otros) y epistasis (varios elementos necesarios para un rasgo). Resisten el cambio debido al “capital cultural” existente y la coherencia de los sistemas de creencias. Sin embargo, choques externos o información nueva convincente pueden debilitar esta resistencia, conduciendo a cambios adaptativos. Esta perspectiva destaca que los resultados históricos no son ni inevitables ni puramente aleatorios, sino producto de interacciones contingentes entre variantes culturales y su entorno.

3. Los emprendedores culturales remodelan los paisajes intelectuales

Los emprendedores culturales pueden considerarse los ejemplares excepcionales y poco comunes que son la fuente del cambio evolutivo: son quienes no aceptan las elecciones culturales de otros como dadas, sino que intentan conscientemente cambiarlas.

Agentes de cambio. Aunque actúan fuerzas culturales amplias, individuos específicos, llamados “emprendedores culturales”, juegan un papel crucial en impulsar la evolución cultural. Son quienes no solo adoptan nuevos rasgos culturales, sino que trabajan activamente para cambiar los “menús culturales” disponibles para otros, persuadiéndolos de abrazar ideas, valores o preferencias novedosas. Son los “hombres irracionales” que adaptan el mundo a sí mismos.

Coordinando ideas dispares. Los emprendedores culturales exitosos suelen sintetizar nociones existentes y dispersas en doctrinas coherentes, actuando como puntos focales para la convergencia intelectual. Pensemos en Marx unificando el pensamiento socialista o Freud organizando la psiquiatría. Su éxito depende de percibir una demanda latente de nuevas ideas, a menudo surgida de una desconexión entre creencias prevalentes y nuevas realidades o anomalías.

Mercado de ideas. Este proceso se desarrolla en un “mercado de ideas”, donde los emprendedores culturales son “vendedores” que intentan persuadir a una “audiencia” de “compradores”. Su éxito depende de:

  • Contenido: La lógica inherente y la adecuación de sus ideas a nuevos hechos.
  • Retórica: Su capacidad para articular mensajes que resuenen.
  • Sesgo directo: Aprovechar su propia autoridad o la de sus seguidores.
  • Entorno: Operar en un contexto donde la resistencia a la innovación está debilitada.
    Estos individuos, aunque pocos, pueden alterar dramáticamente la trayectoria del desarrollo cultural.

4. Francis Bacon: profeta del conocimiento útil y el progreso

El verdadero y legítimo objetivo de las ciencias es dotar a la vida humana de nuevos descubrimientos y recursos.

Visionario, no practicante. Francis Bacon, a pesar de ser un científico mediocre (carecía de habilidad matemática y rechazaba descubrimientos contemporáneos clave), fue un emprendedor cultural de enorme importancia. Su legado perdurable reside en su poderosa articulación de un nuevo propósito para el conocimiento: mejorar las condiciones materiales de la humanidad mediante la investigación sistemática y su aplicación. Visualizó un “matrimonio verdadero y legítimo entre la facultad empírica y la racional”.

Puente entre teoría y práctica. Bacon defendió la integración del conocimiento formal (ciencia) con las percepciones prácticas de artesanos y técnicos. Argumentó que el progreso científico dependía de comprender las prácticas del taller y que la tecnología debía informarse por la filosofía natural. Este “programa baconiano” sentó la base intelectual para la posterior “Ilustración Industrial”, donde el conocimiento proposicional y prescriptivo se reforzarían mutuamente.

Desafiando la autoridad antigua. Bacon lanzó una crítica devastadora al escolasticismo y a la reverencia excesiva por la antigüedad, que llamó “ídolos del teatro”. Abogó por una metodología empírica y experimental, donde la naturaleza se “torcía” para revelar sus secretos, en lugar de confiar en el razonamiento deductivo o textos antiguos. Sus escritos, especialmente Nueva Atlántida, inspiraron la formación de instituciones como la Royal Society, que buscaban organizar y difundir conocimiento útil para el beneficio público.

5. Isaac Newton: arquitecto de un universo inteligible y manipulable

Al convertirse en la personificación de la ciencia… la ciencia newtoniana también se convirtió en el modelo a emular, la manifestación del ‘conocimiento superior’ que convocó a todo otro saber a reorientarse en líneas similares.

Afirmación, no solo esperanza. Si Bacon ofreció una visión esperanzadora para el progreso basado en el conocimiento, Newton proporcionó su poderosa afirmación. Su Principia Mathematica (1687) demostró que el universo operaba según leyes universales, inteligibles y predecibles, descubribles mediante la observación y las matemáticas. Este triunfo infundió una enorme confianza en la capacidad humana para comprender y, por ende, manipular la naturaleza.

Síntesis metodológica. El genio de Newton residió en combinar el empirismo baconiano (observación, datos, experimento) con el rigor matemático de Galileo. Rechazó la mera especulación, insistiendo en teorías inferidas de la observación y expresadas matemáticamente. Esta síntesis metodológica se convirtió en el estándar de oro para la investigación científica, inspirando a otros campos —desde la medicina hasta la economía— a buscar leyes elegantes y cuantificables similares.

Ícono cultural y modelo. El inmenso prestigio, riqueza y título de caballero de Newton hicieron que una carrera en la ciencia fuera altamente deseable, creando un “sesgo basado en modelos” para intelectuales aspirantes. Su obra se convirtió en símbolo de la racionalidad y genialidad humanas, encarnando los ideales de la Ilustración. Aunque Newton era profundamente religioso, su filosofía mecánica allanó el camino para una comprensión más secular del universo, donde las leyes naturales, y no la intervención divina, explicaban los fenómenos. Este cambio fue crucial para la búsqueda sin obstáculos del conocimiento útil.

6. La fragmentación política fomentó el pluralismo intelectual

Las divisiones en pequeños estados son favorables al aprendizaje, al detener el progreso de la autoridad así como del poder.

La perspicacia de Hume. David Hume observó con agudeza que la fragmentación política de Europa, un sistema de “estados vecinos e independientes”, fue un factor clave en su florecimiento intelectual. Esta competencia constante entre gobernantes, aunque a menudo violenta, creó un ambiente donde ninguna autoridad única podía suprimir completamente nuevas ideas o perseguir a pensadores heterodoxos. Si un estado se volvía demasiado represivo, los intelectuales simplemente podían trasladarse a otro.

Fallo de coordinación para el conservadurismo. Esta fragmentación actuó como un “seguro contra el estancamiento económico y tecnológico”. Aunque fuerzas conservadoras (como la Iglesia Católica o gremios poderosos) intentaban mantener el statu quo intelectual, sus esfuerzos se veían socavados por la falta de una supresión coordinada. Innovadores, desde Martín Lutero hasta Galileo, podían aprovechar estas divisiones, encontrando patrocinio o refugio en estados rivales.

Más allá de beneficios fiscales. Aunque la competencia política también tuvo beneficios fiscales y administrativos (limitando la explotación excesiva de los gobernantes), su impacto más profundo fue cultural. Fomentó un “mercado competitivo de ideas” donde prosperó el pluralismo intelectual. Esta “emulación nacional” incentivó a los estados a promover las artes y las ciencias, no solo para fortalecer internamente, sino también para ganar prestigio internacional, acelerando aún más la innovación intelectual.

7. La República de las Letras: el mercado transnacional de ideas en Europa

Esta comunidad es un Estado extremadamente libre. Solo se reconoce en ella el Imperio de la Verdad; y bajo su protección se libra una guerra inocente contra cualquiera.

Una “colegialidad invisible”. La República de las Letras fue una comunidad transnacional y autogobernada de eruditos e intelectuales que emergió en la Europa moderna temprana. Funcionaba como un mercado competitivo de ideas, trascendiendo fronteras políticas y religiosas. Sus miembros, conectados por cartas, publicaciones y reuniones ocasionales, compartían un entendimiento implícito: el conocimiento era un bien no rival que debía intercambiarse libremente y debatirse rigurosamente.

Incentivos para la innovación. Esta institución única proporcionó incentivos cruciales para la innovación intelectual. La reputación, ganada mediante la evaluación de pares de contribuciones originales, se convirtió en la moneda principal. Este sistema de “crédito sin lucro” motivó a los académicos a generar nuevo conocimiento y ponerlo en dominio público, asegurando su acumulatividad y accesibilidad. Los derechos de prioridad, más que las patentes excluyentes, eran la norma para el conocimiento proposicional.

Reglas de compromiso. La República de las Letras estableció normas para el discurso intelectual:

  • Apertura: El conocimiento nuevo debía compartirse, no guardarse en secreto.
  • Contestabilidad: Todas las ideas, incluso las de autoridades veneradas, podían ser cuestionadas.
  • Transnacionalidad: La nacionalidad o religión eran teóricamente irrelevantes para el mérito intelectual.
  • Basado en evidencia: Las disputas se resolvían mediante lógica, evidencia y metodología rigurosa, no dogma.
    Este marco fomentó un ambiente dinámico donde las ideas se ponían a prueba, refinaban y difundían constantemente, sentando las bases para el progreso científico moderno.

8. El papel del puritanismo en la ética científica y utilitarista británica

Nuestro utilitarismo científico moderno es el hijo de Bacon engendrado sobre el puritanismo.

Afinidad con el experimentalismo. El puritanismo, un poderoso movimiento cultural en la Inglaterra del siglo XVII, resultó altamente compatible con la filosofía experimental baconiana. Los puritanos veían la investigación científica como un medio para “manifestar la Gloria de Dios y aumentar el Bien del Hombre”. El estudio sistemático de la creación divina era una forma de adoración, y la búsqueda del “conocimiento útil” un deber moral, condenando la ociosidad y promoviendo la diligencia.

“Buenas obras” y utilidad. Teólogos puritanos influyentes como Richard Baxter enfatizaban las “buenas obras” que eran “útiles y provechosas en sentido mundano”. Esta ética se alineaba con los objetivos utilitaristas de la ciencia experimental, fomentando una cultura donde las aplicaciones prácticas y la mejora material se consideraban virtuosas. Este cambio cultural ayudó a elevar el prestigio social de las actividades científicas y tecnológicas.

Educación y pragmatismo. La cultura puritana también valoraba la educación, no solo para la alfabetización religiosa, sino para materias prácticas como matemáticas y física. Las academias disidentes, fundadas por no conformistas, se convirtieron en centros de educación progresista orientada a la ciencia. Aunque el dominio político puritano fue breve, su impacto cultural en la sociedad británica, especialmente en valorar la indagación empírica, el trabajo duro y el conocimiento práctico, creó un terreno fértil para la posterior Ilustración Industrial.

9. El triunfo del progreso: modernos sobre antiguos

La sabiduría de los griegos fue solo una sabiduría de niños, puede hablar pero no generar, fue “estéril en obras”.

Rompiendo con la adoración a los antepasados. Un cambio cultural crucial en la Europa moderna temprana fue la emergencia de la “idea de progreso”: la creencia de que las generaciones contemporáneas podían superar los logros de sus antecesores. Esto requirió abandonar la “adoración a los antepasados” y desarrollar un “complejo de inferioridad hacia el pasado”, como articuló Bacon. La “batalla de los libros” entre “antiguos” y “modernos” en el siglo XVII, aunque aparentemente trivial, simbolizó esta profunda evolución cultural.

Nueva evidencia, nueva confianza. Los “modernos” ganaron terreno gracias a una avalancha de información y descubrimientos que contradecían a las autoridades clásicas:

  • Descubrimientos geográficos: Nuevos continentes, flora y fauna derribaron el conocimiento geográfico y biológico antiguo.
  • Observaciones astronómicas: La nova de Tycho Brahe y las órbitas elípticas de Kepler refutaron la cosmología aristotélica.
  • Nuevos instrumentos: Telescopios, microscopios y barómetros revelaron fenómenos antes invisibles, desmintiendo “hechos” antiguos como la imposibilidad del vacío.
    Esta acumulación de hechos verificables minó la credibilidad del canon clásico en todos los campos del saber.

Acumulatividad y utilidad. Los modernos argumentaron que el conocimiento era acumulativo, construyéndose sobre descubrimientos previos en lugar de solo reinterpretarlos. Enfatizaron que su época poseía metodologías superiores (experimentalismo, matemáticas) y herramientas. Esta creciente confianza en la capacidad humana para expandir continuamente el conocimiento útil y aplicarlo para beneficio material se convirtió en una característica definitoria de la Ilustración y un poderoso lubricante cultural para la innovación.

10. La Ilustración: una síntesis para el crecimiento económico sostenido

La Ilustración fue la etapa final en la evolución cultural que eventualmente condujo a la Revolución Industrial y al crecimiento económico moderno en Europa.

Culminación de cambios culturales. La Ilustración, que emergió a finales del siglo XVII, sintetizó las transformaciones culturales previas. Fue un movimiento complejo, pero sus dimensiones económicas centrales —la Ilustración “Industrial”, “Médica” y “Comercial”— compartían una creencia común: el conocimiento útil era la clave del progreso material. Esto incluía:

  • Crecimiento del conocimiento útil: Enfatizando la interacción entre teoría científica y aplicación práctica.
  • Mejora institucional: Abogando por reformas políticas y legales para apoyar la actividad económica.

Puente entre ciencia e industria. Aunque se debate el impacto directo de la “ciencia alta” del siglo XVII en las invenciones tempranas de la Revolución Industrial, la Ilustración fomentó una cultura donde se creía ampliamente en el potencial de la ciencia para transformar la industria. Esto llevó a:

  • Investigación aplicada: Matemáticos como Euler trabajando en la eficiencia de ruedas hidráulicas, naturalistas como Réaumur estudiando insectos para la agricultura.
  • Alfabetización técnica: Una creciente apreciación por cálculos matemáticos, dibujos técnicos y datos empíricos entre ingenieros y artesanos.
  • Ciencia pública: Proliferación de sociedades, conferencias y publicaciones dedicadas a difundir conocimiento útil.

Optimismo y establecimiento de agenda. Los pensadores ilustrados, pese a cierto escepticismo, abrazaron en gran medida una visión optimista del progreso. Creían que la investigación sistemática, combinada con reformas institucionales (estado de derecho, derechos de propiedad, gobierno limitado), conduciría a una mejora económica continua. Este compromiso cultural con el progreso, alimentado por los éxitos de la ciencia y la tecnología, proporcionó el marco intelectual y moral para los cambios económicos sin precedentes que siguieron.

11. El camino divergente de China: un contraste en dinámicas culturales

En China, la autoridad de un solo maestro se propagaba fácilmente de un rincón del imperio a otro y “nadie tuvo el coraje de resistir la corriente de la opinión popular, y la posteridad no fue lo suficientemente audaz para disputar lo que había sido universalmente aceptado por sus antepasados.”

La cuestión Needham revisitada. Aunque China ostent

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Resumen de reseñas

3.94 de 5
Promedio de 427 valoraciones de Goodreads y Amazon.

Una cultura de crecimiento ha recibido en su mayoría críticas positivas por su análisis de cómo los cambios culturales en Europa entre 1500 y 1700 prepararon el terreno para la Revolución Industrial. Los lectores valoran el enfoque interdisciplinario de Mokyr y sus reflexiones sobre la "República de las Letras" y los emprendedores culturales como Bacon y Newton. Sin embargo, algunos consideran que el libro resulta repetitivo y excesivamente extenso. Los críticos señalan que podría beneficiarse de una mayor cantidad de evidencia empírica y de una organización más clara. En conjunto, los reseñadores reconocen la aportación del libro para comprender los orígenes del crecimiento económico moderno, a pesar de su densidad académica.

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Sobre el autor

Joel Mokyr es un historiador económico especializado en el desarrollo económico europeo entre 1750 y 1914. Ocupa cátedras en la Universidad Northwestern y en la Universidad de Tel Aviv. La investigación de Mokyr se centra en las raíces intelectuales y económicas del progreso tecnológico y en el crecimiento del conocimiento útil en las sociedades europeas. A lo largo de su carrera, ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Heineken de Historia y el Premio Internacional Balzan de historia económica. Además, Mokyr ha desempeñado el cargo de presidente de la Asociación de Historia Económica y ha sido editor de varias publicaciones destacadas. Su libro más reciente, Una cultura del crecimiento, analiza los orígenes de la economía moderna.

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