Ideas clave
1. Estados Unidos: de la autosuficiencia al “país de los rescates”
Estados Unidos abandonó su tradicional espíritu capitalista para convertirse en un país dedicado a rescatar empresas.
Un cambio histórico. En sus orígenes, Estados Unidos valoraba la tenacidad y la independencia, con una intervención gubernamental mínima en los negocios, donde el éxito o fracaso dependía exclusivamente de la competencia en el mercado. Sin embargo, desde mediados del siglo XX, ese espíritu fue quedando atrás, dando paso a un modelo en el que el gobierno —es decir, los contribuyentes— asume las pérdidas de las grandes corporaciones.
Casos emblemáticos. Este cambio comenzó en 1971 con la garantía de un préstamo de 250 millones de dólares al grupo Lockheed, la primera vez que el gobierno rescató públicamente a una empresa en problemas por mala gestión propia. Luego, en 1980, el rescate de Chrysler por 1,500 millones de dólares consolidó este patrón de intervención, que allanó el camino para los rescates masivos durante la crisis de las cajas de ahorro, la burbuja tecnológica y la crisis financiera de 2008.
Privatización de ganancias, socialización de pérdidas. Este modelo generó la dinámica de “ganancias privadas, pérdidas públicas”: unas pocas empresas con conexiones políticas privilegiadas se quedan con las utilidades, mientras que los riesgos y las consecuencias de decisiones imprudentes recaen sobre la mayoría de los contribuyentes. Esta práctica no solo es injusta, sino que distorsiona la esencia del capitalismo y fomenta conductas especulativas temerarias.
2. La expansión del poder de la Reserva Federal y el fomento del riesgo moral
La Reserva Federal decidió actuar al borde de sus poderes legales y tácitos, cruzando principios y límites que había respetado durante décadas.
Desviación de su misión. El sistema de la Reserva Federal fue creado para establecer orden financiero, generar mercados de crédito y resolver problemas de moneda legal, con poderes monetarios y fiscales básicos. Pero desde los años 90, su rol se amplió rápidamente, pasando de ser el “prestamista de última instancia” a convertirse en el “garante de los precios de los activos”, incluso intentando intervenir en el mercado de acciones para sostener los precios.
El cambio en la era Greenspan. Bajo la presidencia de Alan Greenspan, esta transformación fue especialmente evidente. Su política desplazó el enfoque tradicional de estabilidad de precios y pleno empleo hacia el apoyo a los precios de los activos. Por ejemplo, tras el desplome bursátil de 1987, la Reserva Federal inyectó liquidez y bajó tasas rápidamente, enviando el mensaje de que “no dejaría que nada colapsara”, conocido como la “put de Greenspan”.
Cuna del riesgo moral. Las frecuentes y masivas intervenciones de la Reserva Federal crearon una cultura de excesivo riesgo, alimentando un enorme riesgo moral. Los inversionistas, al saber que la Fed reinyectaría liquidez para evitar caídas, se volvieron más audaces en sus apuestas especulativas, confiando en que serían protegidos incluso ante un colapso, lo que llevó a operaciones y apalancamientos cada vez más extremos.
3. La desregulación, no el fallo del mercado, fue la causa de la crisis
La lógica detrás de la Ley de Modernización de los Futuros de Commodities es casi una creencia religiosa: los participantes del mercado, siendo racionales y buscando su propio beneficio, no pondrán en riesgo ni a sí mismos ni a sus empresas.
La derogación de leyes clave. Entre finales del siglo XX y principios del XXI, Estados Unidos vivió una ola masiva de desregulación que eliminó protecciones financieras efectivas, preparando el terreno para la crisis. Las dos leyes más importantes fueron:
- Ley Gramm-Leach-Bliley (1999): Eliminó la separación entre bancos comerciales y bancos de inversión establecida durante la Gran Depresión, permitiendo su fusión. Esto generó bancos demasiado grandes para manejar y expandió el riesgo de las operaciones de inversión a la banca comercial.
- Ley de Modernización de los Futuros de Commodities (2000): Excluyó a derivados financieros como los swaps de incumplimiento crediticio (CDS) de toda regulación estatal y federal, creando una industria de seguros en la sombra gigantesca y sin control, que finalmente causó pérdidas colosales en empresas como AIG y Lehman Brothers.
La negligencia de la SEC. En 2004, la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) eximió a cinco grandes bancos de inversión (Goldman Sachs, Merrill Lynch, Lehman Brothers, Bear Stearns y Morgan Stanley) de las reglas de capital neto, permitiéndoles aumentar su apalancamiento de 12:1 hasta 30, 35 o incluso 40:1. Esta decisión fue clave en la rápida caída de estas instituciones durante la crisis de 2008.
Un error ideológico. Detrás de esta desregulación estaba la arraigada creencia en el libre mercado autorregulado, donde los participantes racionales no se autodestruirían. Pero la realidad demostró que esta idea es un completo engaño: sin reglas ni supervisión, la tentación del dinero masivo lleva a comportamientos irracionales que terminan en fraude sistémico y colapso.
4. La “put de Greenspan” y las tasas ultrabajas alimentaron la burbuja de activos
La Reserva Federal bajo Greenspan creó una cultura única de excesivo riesgo.
Guardianes de los precios de los activos. La Fed de Greenspan consideraba la estabilidad de los precios de los activos como parte esencial de la política monetaria. Ante cualquier problema en el mercado, bajaba tasas e inyectaba liquidez rápidamente. Esta “put de Greenspan” hizo creer a los inversionistas que el gobierno siempre respaldaría las caídas, incentivando apuestas especulativas más arriesgadas.
Consecuencias de las tasas ultrabajas. Tras el estallido de la burbuja tecnológica en 2000, la Fed redujo la tasa de fondos federales a un mínimo histórico del 1% desde enero de 2001, manteniéndola así durante un año. Esta política sin precedentes, aunque buscaba estimular la economía, tuvo efectos colaterales graves:
- Devaluación abrupta del dólar: Entre 2001 y 2008, el poder adquisitivo del dólar cayó casi un 40%.
- Aumento vertiginoso de precios de commodities: Petróleo, oro, metales industriales y alimentos se dispararon.
- Inflación descontrolada en bienes raíces: El dinero barato alimentó una burbuja inmobiliaria que duplicó los precios en poco tiempo.
- Tasa de ahorro negativa: Los consumidores vivían endeudándose, con la tasa de ahorro cayendo a niveles negativos por primera vez desde los años 30.
La loca carrera por rendimientos en bonos. Las tasas bajas dificultaron que los gestores de renta fija obtuvieran rendimientos adecuados, llevándolos a buscar desesperadamente mayores retornos. Esto los impulsó a comprar masivamente productos de deuda securitizada de alto rendimiento y alto riesgo, como los CDO, que Wall Street empaquetaba como inversiones AAA aparentemente seguras, inflando aún más la burbuja.
5. El mecanismo de las hipotecas subprime se basó en fraude y perversos incentivos
En la nueva era bancaria, “prestar para securitizar” se convirtió en la norma, dando inicio al ataque de las hipotecas subprime en los suburbios estadounidenses.
Colapso de los estándares de préstamo. Tradicionalmente, los bancos evaluaban rigurosamente empleo, ingresos, ahorros y crédito antes de otorgar un préstamo. Pero en el auge inmobiliario de los 2000, nuevos originadores de hipotecas no bancarios (frecuentemente fuera de la supervisión de la Fed) abandonaron estos estándares para satisfacer la demanda de Wall Street por préstamos para securitizar.
“Si respiras, calificas para un préstamo”. Estos originadores cobraban por volumen, no por calidad, y solo necesitaban que el préstamo no incumpliera en 90 días para venderlo rápidamente a Wall Street. Esto generó una proliferación de productos de alto riesgo como “préstamos mentirosos”, préstamos sin pago inicial y solo intereses, con casos absurdos como trabajadores agrícolas con ingresos de 14,000 dólares anuales comprando casas de 720,000 dólares.
Fraudes generalizados. Durante la burbuja, el fraude inmobiliario fue omnipresente:
- Fraude en tasaciones: Tasadores coludidos con agentes hipotecarios y corredores inflaban artificialmente los valores.
- Fraude en solicitudes: Agentes hipotecarios falsificaban ingresos y activos de los solicitantes.
- Préstamos depredadores: Se engañaba a los prestatarios con términos dañinos, como tasas variables disfrazadas de fijas.
- Fraude de constructores: Constructores falsificaban precios para atraer compradores.
Estos fraudes sistemáticos, junto con fallas en los sistemas automatizados bancarios, permitieron que grandes cantidades de préstamos tóxicos ingresaran rápidamente al sistema financiero.
6. Las agencias de calificación avalaron intereses, legitimando activos tóxicos
Las agencias de calificación y los colocadores trabajaron en estrecha colaboración, otorgando calificaciones AA o AAA a productos que luego se demostraron basura.
Modelo de “pago por calificación”. Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch jugaron un papel clave en la crisis como cómplices. No evaluaban objetivamente la calidad crediticia, sino que colaboraban con bancos de inversión para otorgar calificaciones AAA a productos relacionados con hipotecas subprime, a cambio de elevadas tarifas.
Economía distorsionada. Estos CDO calificados como AAA ofrecían rendimientos mucho mayores que los bonos del Tesoro también AAA, violando la regla básica de que mayor rendimiento implica mayor riesgo. Sin embargo, gestores de fondos ávidos de rentabilidad, en un entorno de tasas ultrabajas, confiaron en estas “comidas gratis” y compraron masivamente estos activos tóxicos.
Fallas regulatorias y consecuencias. A pesar de advertencias internas y evidencias de falta de personal para revisar miles de valores de renta fija, los reguladores no actuaron a tiempo. Estas calificaciones infladas permitieron que fondos de pensiones, aseguradoras y bancos, limitados a activos de alta calidad, adquirieran legalmente productos que terminaron siendo basura, transformando el problema inmobiliario estadounidense en un desastre financiero global.
7. El riesgo moral premió el fracaso y alentó la imprudencia
Las ganancias siempre fueron para los especuladores, mientras que los riesgos los asumieron los contribuyentes.
Definición y práctica del riesgo moral. El riesgo moral ocurre cuando una parte protegida no asume todas las consecuencias y, por ello, actúa con mayor imprudencia. En la crisis financiera de 2008-2009, los múltiples rescates de la Fed y el Tesoro fueron la máxima expresión de este fenómeno. Por ejemplo, el rescate en 1998 de Long-Term Capital Management (LTCM) desperdició una oportunidad para imponer disciplina de mercado, haciendo creer a las instituciones financieras que el gobierno cubriría sus errores.
La teoría del “resentimiento por las opciones sobre acciones de internet” de los altos ejecutivos. Muchos altos directivos financieros, al ver la riqueza generada por las opciones sobre acciones en el sector tecnológico, quisieron enriquecerse rápidamente. Consideraron el crecimiento estable y tradicional como lento, y optaron por:
- Operaciones altamente apalancadas
- Apuestas en derivados financieros de alto riesgo
- Securitización masiva
para obtener ganancias rápidas, diseñando sistemas de incentivos desvinculados del interés de los accionistas, que les permitían recibir grandes bonificaciones incluso cuando sus empresas estaban al borde de la quiebra.
Recompensas por el fracaso. Sorprendentemente, muchos ejecutivos responsables del colapso conservaron fortunas personales millonarias tras dejar sus cargos o tras los rescates. Por ejemplo, el ex CEO de Merrill Lynch, O’Neal, recibió 160 millones de dólares al salir, y el CEO de Lehman Brothers, Fuld, ganó 490 millones vendiendo acciones antes de la quiebra. Este fenómeno de “fracaso con recompensa” no solo es un grave problema de gobernanza corporativa, sino que envía señales erróneas a todo el sistema financiero.
8. La aplicación del principio “demasiado grande para caer” fue caótica e inconsistente
Un rescate aislado a un banco no fue suficiente, por lo que el 14 de octubre de 2008 el Tesoro inyectó 125 mil millones de dólares a las nueve mayores entidades bancarias del país, y otros 125 mil millones a bancos más pequeños.
Decisiones inconsistentes en los rescates. Durante la crisis de 2008, la aplicación del principio “demasiado grande para caer” estuvo plagada de confusión y falta de coherencia. Bear Stearns recibió 29,000 millones de dólares de la Fed en marzo y fue adquirido por JPMorgan, en parte porque sus derivados ponían en riesgo a JPMorgan. Sin embargo, Lehman Brothers, más grande y con más historia, fue dejado caer en septiembre, desatando pánico global.
El caso especial de AIG. El rescate de American International Group (AIG) fue aún más complejo. Aunque su negocio asegurador era rentable, su división de productos financieros no regulados estaba al borde del colapso por apuestas masivas en CDS. El gobierno inyectó 173 mil millones de dólares (hasta marzo de 2009) para nacionalizar AIG, principalmente para proteger a sus contrapartes, incluyendo bancos globales y fondos soberanos, y evitar un colapso sistémico mayor.
Ayudas millonarias a Citigroup y Bank of America. Citigroup y Bank of America también recibieron miles de millones en ayudas y garantías. Citigroup, por su tamaño y activos tóxicos, obtuvo más de 300 mil millones en garantías y capital. Bank of America, tras adquirir mal a Merrill Lynch y Countrywide, recibió ayuda similar. Estas decisiones, poco transparentes y con condiciones muy favorables, generaron críticas por la improvisación gubernamental y favoritismos.
9. La incapacidad política y la “improvisación” agravaron la crisis
En el campo de batalla se gana con habilidad, pero la guerra se gana con estrategia.
El laissez-faire de la Casa Blanca. Desde Reagan hasta Bush Jr., los presidentes estadounidenses fomentaron la creencia en la autorregulación del mercado. La administración Bush reflejó esta visión radical en sus nombramientos para agencias reguladoras, promoviendo la idea de “mercado soberano y gobierno enemigo”, lo que llevó a graves fallas regulatorias. Por ejemplo, Bush rechazó normas para controlar préstamos riesgosos y bloqueó regulaciones estatales contra préstamos depredadores.
La debilidad y negligencia del Congreso. El Congreso también decepcionó:
- Aprobación sin debate: Leyes clave como la de Modernización de Futuros se aprobaron sin discusión ni lectura adecuada.
- Delegación de poderes: Decisiones importantes sobre la guerra en Irak, la reestructuración de Fannie Mae y los rescates se delegaron al Ejecutivo para evitar responsabilidades políticas.
- Influencia del lobby: Fannie Mae y Freddie Mac gastaron millones en cabildeo para evitar regulaciones más estrictas.
La incompetencia de la SEC. Los tres presidentes de la SEC nombrados por Bush fallaron gravemente:
- Harvey Pitt: Ex abogado defensor de la industria, promovió una SEC “más suave y amigable”, ignorando escándalos contables.
- William Donaldson: Durante su mandato eximió a los grandes bancos de inversión de reglas de capital, permitiendo apalancamientos descontrolados.
- Christopher Cox: Eliminó la regla contra ventas en corto agresivas y luego prohibió la venta en corto de acciones financieras, agravando la caída del mercado.
Además, la SEC mostró una alarmante incapacidad y pasividad en casos como el esquema Ponzi de Madoff.
10. El papel central del sector inmobiliario en los ciclos económicos y su situación actual
Para muchos economistas, este es un tema tabú: el mercado inmobiliario no puede estabilizarse ni formar un piso debido a los precios excesivamente altos.
Motor económico. El sector inmobiliario fue el principal impulsor del ciclo económico entre 2001 y 2008, generando una cantidad desproporcionada de empleos y estimulando el consumo a través de líneas de crédito sobre el valor neto de las viviendas (HELOC). Wall Street también dependía de la securitización hipotecaria como fuente principal de ingresos, empaquetándola en CDO para su venta.
Precios inflados y oleada de ejecuciones hipotecarias. La combinación de tasas ultrabajas y estándares laxos de préstamo llevó a una tasa histórica de propiedad residencial y a precios insostenibles. Aunque los precios han caído más del 25% a nivel nacional, indicadores como la relación precio-ingreso y precio-alquiler muestran que siguen demasiado altos. Esto ha provocado millones de ejecuciones hipotecarias y se espera que aumenten.
La contradicción en la corrección del mercado. El mercado inmobiliario enfrenta un dilema:
- Precios demasiado altos: Generan exceso de inventario y estancamiento en ventas.
- Presión de ejecuciones: Aunque ayudan a corregir precios, debilitan a los bancos y aumentan la carga de rescates gubernamentales.
Los programas de ayuda buscan frenar la caída y las ejecuciones, pero esto choca con la necesidad de una corrección natural para restaurar la salud económica. La intervención excesiva solo ralentiza la recuperación.
El desafío de la solución. La verdadera solución requiere normalizar los precios sin provocar ejecuciones innecesarias, lo que podría incluir:
- Convertir parte de los préstamos en créditos sin intereses pagaderos al final, para ayudar a familias capaces de pagar.
- Asistir a quienes no pueden mantener su vivienda a mudarse a zonas con costos más bajos.
- Que los bancos ajusten activamente los términos hipotecarios en lugar de esperar la intervención gubernamental.
Sin embargo, mientras los precios sigan fuera del alcance de la mayoría de compradores primerizos, el volumen total de transacciones inmobiliarias difícilmente se recuperará.
11. La nacional
Resumen de reseñas
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