Ideas clave
1. El Propósito Central de la Biblia: Salvación a Través de Cristo
Desde la infancia conoces las Sagradas Escrituras, que pueden hacerte sabio para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús.
La Biblia, inspirada por Dios y práctica, tiene como objetivo hacernos sabios para la salvación en Cristo. Esta salvación integral es el gran plan de Dios para redimir y restaurar toda la creación, con Cristo como tema central, revelado a través de las profecías del Antiguo Testamento y su cumplimiento en el Nuevo.
2. La Revelación de Dios: Enraizada en la Tierra y la Historia
Los tratos de Dios con la nación de Israel y con individuos están registrados, nos dicen, “para enseñarnos” (Rom. 15:4; 1 Cor. 10:11).
La revelación de Dios es personal y proposicional, situada en contextos históricos y geográficos específicos como Palestina. Comprender este entorno, incluyendo su agricultura y festividades, es fundamental para captar los caminos y el mensaje de Dios.
3. El Antiguo Testamento: Promesas y Preparativos para Cristo
La relación fundamental entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, según Cristo, es la de promesa y cumplimiento.
El Antiguo Testamento, como “Heilsgeschichte” (historia de la salvación), detalla el pacto de Dios con Abraham e Israel. Eventos como el Éxodo, la Ley y la monarquía, junto con los mensajes de los profetas, prefiguran y preparan la venida de Cristo.
4. El Nuevo Testamento: La Vida, Obra y Misión de la Iglesia en Cristo
Juan ve el propósito último de las Escrituras (“lo que está escrito”) tal como Pablo lo ve. Juan lo llama “vida”, Pablo “salvación”, pero las palabras son prácticamente sinónimas.
Los Evangelios dan testimonio de la vida, muerte y resurrección de Cristo, cumpliendo las profecías del Antiguo Testamento e inaugurando el reino de Dios. Pentecostés marcó el inicio de la misión de la iglesia, con los apóstoles difundiendo el evangelio y extendiendo el pacto de Dios a todas las naciones.
5. El Carácter Consistente de Dios: Vivo, Soberano y Misericordioso
El Dios de la Biblia es “el Dios de toda gracia” (1 Ped. 5:10).
Dios es vivo, soberano sobre la naturaleza y las naciones, y actúa consistentemente con amor y justicia. Su “gracia del pacto” es central, prometiendo “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo.” Esta gracia se despliega en la redención, adopción y glorificación final.
6. La Autoridad de la Biblia: Inspirada por Dios y Respaldada por Cristo
Puesto que Él respaldó la autoridad de las Escrituras, debemos concluir que su autoridad y la autoridad de las Escrituras están unidas, para sostenerse o caer juntas.
La autoridad de la Biblia proviene de su inspiración divina (“inspirada por Dios”) a través de autores humanos, siendo la Palabra verdadera y confiable de Dios. El mismo Jesucristo se sometió reverentemente al Antiguo Testamento y autorizó a sus apóstoles a hablar en su nombre, extendiendo esta autoridad al Nuevo Testamento.
7. Interpretando las Escrituras: Espíritu, Estudio y Principios Sólidos
Sepamos, entonces, que el verdadero significado de las Escrituras es el sentido natural y obvio; y abracémoslo y mantengámonos firmes en él.
Comprender las Escrituras requiere la iluminación del Espíritu Santo, nuestro estudio disciplinado y la sabiduría colectiva de la iglesia. Los principios clave incluyen buscar el sentido natural (literal o figurado), el contexto histórico y cultural original, y el sentido armonioso general de toda la Biblia.
8. Respondiendo a la Palabra de Dios: Escuchar, Entender y Obedecer
Hoy, si escuchas su voz, no endurezcas tu corazón.
La Biblia es una “lámpara” y “luz” viva para nuestra vida, ofreciendo sabiduría y guía. Nuestro beneficio depende de una respuesta receptiva: temblar ante la Palabra de Dios, valorarla, anhelarla y poner activamente en práctica sus enseñanzas, edificando nuestra vida sobre un fundamento firme.
Resumen de reseñas
Entendiendo la Biblia ha recibido una acogida mayormente positiva, ya que los lectores valoran su panorama teológico, el contexto histórico y el marco accesible para acercarse a las Escrituras. Muchos lo recomiendan para principiantes y jóvenes cristianos, destacando las explicaciones claras de Stott sobre los temas bíblicos, la autoridad y la interpretación. Algunos críticos consideran que el estilo de escritura es en ocasiones difícil o anticuado, y unos pocos manifiestan su decepción con su postura sobre el Génesis y la evolución teísta. Los capítulos finales, dedicados a la hermenéutica y al Nuevo Testamento, reciben elogios especiales, y varios lectores señalan que volverían a consultar el libro.
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