Ideas clave
1. Posmodernismo: La Síntesis Anti-Ilustración
El posmodernismo identifica su blanco—el modernismo y su realización en la Ilustración y su legado—y presenta argumentos poderosos contra todos los elementos esenciales del modernismo.
Un rechazo radical. El posmodernismo surgió como un movimiento filosófico y cultural integral, que se opone fundamentalmente al proyecto de la Ilustración. Cuestiona los principios básicos del modernismo, que defendía el naturalismo, la razón, la ciencia, el individualismo, el liberalismo y la idea de progreso. Para el posmodernismo, estos son insostenibles y culturalmente destructivos.
Premisas opuestas. En su esencia, el posmodernismo es anti-realista, afirmando que no se puede hablar con sentido de una realidad que exista independientemente. Sustituye el conocimiento objetivo por construcciones sociolingüísticas, enfatizando la subjetividad, la convencionalidad y la inconmensurabilidad de estas construcciones. La naturaleza humana se ve como colectivista, con identidades moldeadas por grupos sociales, lo que conduce a conflictos y opresiones inherentes.
Manifestaciones culturales. Estas premisas filosóficas se traducen en temas académicos y culturales específicos. En la crítica literaria, rechaza el significado objetivo; en el derecho, ve los principios legales como indeterminados y movidos por el poder; en la educación, busca inculcar identidad social más que razón cognitiva. Culturalmente, cuestiona el canon occidental, reinterpreta figuras históricas como Colón y critica al capitalismo, la ciencia y la tecnología como instrumentos de dominación.
2. La Revolución Epistemológica de Kant: Separando la Razón de la Realidad
Por ello, aquí me pareció necesario negar el conocimiento para hacer espacio a la fe.
El punto de inflexión. Immanuel Kant es considerado el pensador más importante de la Contra-Ilustración, al alterar fundamentalmente la relación entre razón y realidad. Concluyó que la realidad noumenal (la realidad en sí misma) es para siempre inaccesible a la razón humana, que se limita a comprender sus propios productos subjetivos, el mundo fenoménico. Este giro estuvo motivado en parte por el deseo de proteger la fe religiosa de las injerencias de la razón ilustrada.
La mente como constitutiva. Kant sostuvo que la identidad del sujeto conocedor y sus procesos causales no son ventanas transparentes a la realidad, sino que constituyen activamente nuestra experiencia. Rechazó la suposición realista tradicional de que el sujeto se conforma al objeto, proponiendo en cambio una "revolución copernicana" donde el objeto debe conformarse al sujeto. Esto implicaba que características universales y necesarias de nuestra experiencia, como el espacio, el tiempo y las categorías del entendimiento, son aportadas por la mente misma, no derivadas de la realidad externa.
Un legado peligroso. Aunque Kant buscaba asegurar un ámbito para la ciencia (el mundo fenoménico) y la fe (el mundo noumenal), su filosofía sentó inadvertidamente las bases para un escepticismo extremo. Al separar la razón de la realidad objetiva y redefinir la verdad como consistencia interna en lugar de correspondencia, Kant inició una trayectoria filosófica que abandonaría progresivamente la objetividad, competencia, autonomía y universalidad de la razón, allanando el camino para movimientos irracionalistas y subjetivistas posteriores.
3. La Contra-Ilustración Alemana: De la Especulación al Irracionalismo
Las antinomias no son un problema para la razón, contrariamente a Kant, sino la clave de todo el universo.
El salto metafísico de Hegel. Tras Kant, la filosofía alemana se dividió entre la metafísica especulativa y el irracionalismo. G.W.F. Hegel, insatisfecho con la separación kantiana entre sujeto y objeto, afirmó audazmente su identidad metafísica. Para Hegel, el universo entero (el Sujeto Absoluto) crea la realidad, y las mentes individuales son meras partes de este proceso. Su "razón dialéctica" opera a través de contradicciones, rechazando explícitamente la ley aristotélica de no contradicción, e implica un fuerte relativismo donde la verdad evoluciona mediante choques de fuerzas opuestas.
El auge del irracionalismo. Junto a Hegel, surgió una corriente irracionalista explícita con pensadores como Søren Kierkegaard, Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche. Compartían un desprecio por la razón, viéndola como artificial y limitante. En cambio, defendían vías no racionales hacia la realidad:
- Schleiermacher: El sentimiento, especialmente el religioso, como modo de conocimiento.
- Kierkegaard: Un "salto irracional de fe" hacia el absurdo, "crucificando la razón" para abrazar el compromiso religioso.
- Schopenhauer: La realidad como una "Voluntad" profundamente irracional y conflictiva, conocible solo a través de sentimientos apasionados.
- Nietzsche: La razón como herramienta de los débiles, promoviendo el acceso a "instintos inconscientes" y la "voluntad de poder."
Un rechazo compartido. Estos desarrollos post-kantianos, ya sean especulativos o explícitamente irracionalistas, socavaron consistentemente la razón ilustrada. Establecieron temas como la realidad conflictiva/absurda, la impotencia de la razón y las facultades no racionales como fuentes de verdad más profunda, preparando el terreno para los principios centrales del posmodernismo.
4. La Síntesis Nihilista de Heidegger: Abrazando la Nada
Si esta [contradicción] rompe la soberanía de la razón en el campo de la investigación sobre la Nada y el Ser, entonces también se decide el destino del dominio de la ‘lógica’.
Integrando tradiciones. Martin Heidegger sintetizó las corrientes metafísicas especulativas y epistemológicas irracionalistas de la filosofía alemana. Adoptó la visión kantiana de la razón como superficial y las palabras como obstáculos para el "Ser", pero, al igual que Hegel, buscó acercarse al Ser. Abrazó el énfasis de Kierkegaard y Schopenhauer en los sentimientos, especialmente emociones oscuras como el temor y la culpa, como vías reveladoras.
Descartando la lógica. Heidegger planteó la "Pregunta de todas las preguntas": "¿Por qué hay Ser en absoluto? ¿Por qué no más bien Nada?" Argumentó que esta pregunta es repugnante para la razón porque conduce a absurdos lógicos, cualquiera que sea la respuesta. Para Heidegger, esto no era un defecto de la pregunta sino un signo de la impotencia de la razón. Rechazó explícitamente la lógica como una "mera invención de maestros de escuela", afirmando que la contradicción es señal de una verdad profunda.
Las emociones como revelación. Para acceder al Ser y a la Nada, Heidegger propuso un viaje emocional. El aburrimiento extremo, dijo, revela "el todo del ser" al disolver las distinciones entre los entes. Esto conduce a la ansiedad y al temor, un "anticipo de la propia muerte" que, si se acepta, revela la verdad última: Ser y Nada son idénticos. Esto culmina en un nihilismo metafísico, donde "todo ente, en cuanto ente, está hecho de la nada."
5. La Herida Autoinfligida de la Filosofía Analítica: El Colapso de la Razón
Decir que deberíamos abandonar la idea de la verdad como algo que está ahí esperando ser descubierto no es decir que hayamos descubierto que, ahí afuera, no hay verdad.
Un camino distinto hacia el escepticismo. Mientras la filosofía continental abrazaba el irracionalismo, la tradición angloamericana, inicialmente positivista y pro-ciencia, también convergió en conclusiones escépticas. Influenciado por Hume y Kant, el Positivismo Lógico, originado en el Círculo de Viena, declaró sin sentido las preguntas filosóficas tradicionales y confinó la filosofía al "análisis" de herramientas científicas. Sin embargo, este proyecto analítico terminó socavando sus propios cimientos.
Erosión de la objetividad. A mediados de siglo, la filosofía analítica concluyó que:
- La percepción está cargada de teoría: Nuestras teorías dictan lo que vemos, atrapándonos en sistemas subjetivos.
- Los conceptos y la lógica son convencionales: Las proposiciones lógicas y matemáticas se ven como reglas lingüísticas arbitrarias, desvinculadas de la realidad empírica.
- No hay distinción analítico/sintético: Quine argumentó que todas las proposiciones son contingentes, haciendo de la lógica una cuestión de "práctica social."
La ciencia pierde su estatus especial. Al considerar la percepción, el lenguaje y la lógica como convencionales y subjetivos, la ciencia perdió su reclamo a la verdad objetiva. Pensadores como Thomas Kuhn sostuvieron que los paradigmas científicos son empresas socialmente subjetivas, y la "verdad" es solo un constructo cambiante dentro de esos paradigmas. Richard Rorty generalizó esto al anti-realismo, descartando la "verdad" como un "tema poco rentable." Esto dejó al mundo intelectual angloamericano sin una defensa sólida de la razón o la ciencia, creando un vacío que el posmodernismo llenaría con facilidad.
6. La Profunda Crisis del Socialismo: Predicciones Fallidas y Desastres Morales
La crisis para la extrema izquierda fue que la lógica y la evidencia iban en contra del socialismo.
Las predicciones marxistas se desmoronan. El socialismo marxista clásico, formulado a mediados del siglo XIX, hizo afirmaciones económicas y morales específicas que resultaron desastrosamente falsas. Económicamente, predijo el colapso del capitalismo debido a la explotación, llevando a un proletariado empobrecido y creciente y a una clase media en disminución. A principios del siglo XX, estas predicciones fallaron:
- El porcentaje del proletariado disminuyó y sus niveles de vida mejoraron.
- La clase media creció sustancialmente en tamaño y riqueza.
- Los capitalistas también aumentaron en número y riqueza, sin reducirse a unos pocos.
La necesidad de una élite. La naturaleza no revolucionaria de la clase trabajadora forzó una reevaluación. Teóricos como los fabianos, Lenin y Mao concluyeron que el socialismo requería un liderazgo fuerte y elitista para imponer el cambio "desde arriba," en lugar de esperar una revolución proletaria desde abajo. Este giro reconoció la supuesta incapacidad de las masas para comprender sus "verdaderos" intereses.
Colapso moral. El golpe definitivo llegó en 1956 con el "discurso secreto" de Nikita Jrushchov que reveló las atrocidades de Joseph Stalin, seguido por la brutal represión de la revuelta húngara. Estos eventos expusieron a la Unión Soviética, la nación socialista emblemática, como moralmente quebrada, responsable de la muerte de decenas de millones. Esto destrozó la fe de la izquierda en la superioridad moral del socialismo, forzando a muchos intelectuales, incluidos Foucault y Derrida, a abandonar las afiliaciones comunistas tradicionales.
7. El Giro Estratégico de la Izquierda: De la Necesidad a la Igualdad y el Irracionalismo
El posmodernismo es la estrategia epistemológica de la extrema izquierda académica para responder a la crisis causada por los fracasos del socialismo en teoría y en práctica.
Reorientación ética. Ante los fracasos del socialismo y la inesperada resistencia del capitalismo, la izquierda adoptó nuevas estrategias. El estándar ético tradicional de la "necesidad" se volvió problemático al demostrarse que el capitalismo satisface necesidades básicas. El nuevo enfoque se desplazó hacia la "igualdad," criticando al capitalismo por las disparidades en diversas dimensiones sociales, más que por la pobreza absoluta. Esto llevó a:
- El "Programa de Godesberg" en Alemania, que enfatizaba la igualdad en los negocios.
- Una nueva definición de "pobreza" como relativa, no absoluta.
- Enfoque en la política de identidad (sexo, raza, etnia) sobre la conciencia de clase universal.
La riqueza como mal. Un giro más radical condenó al capitalismo precisamente por su creación de riqueza. Herbert Marcuse argumentó que las comodidades capitalistas "reprimían" al proletariado, distrayéndolo de la revolución. La ecología profunda extendió esto, viendo la producción de riqueza como inherentemente destructiva para el medio ambiente y abogando por la igualdad radical entre especies, adoptando explícitamente el antihumanismo de Heidegger.
Abrazando el irracionalismo. La crisis epistemológica se fusionó con la política. La izquierda, perdiendo la fe en la razón para probar el socialismo, abrazó enfoques no racionales e irracionalistas. El énfasis de Mao en la pura voluntad, el foco de Gramsci en la iniciativa subjetiva y la integración de la psicología freudiana por la Escuela de Frankfurt (el "hombre unidimensional" y la "tolerancia represiva" de Marcuse) justificaron:
- Abandonar el universalismo por el multiculturalismo.
- Fomentar elementos "irracionales," "inmorales" o "criminales" para "romper el sistema."
Esto allanó el camino para el auge del terrorismo de izquierda en los años 60 y 70, señalando un compromiso con la violencia y tácticas irracionales.
8. El Posmodernismo como Arma Política: La Retórica Sobre la Verdad
El posmodernismo “no busca encontrar el fundamento y las condiciones de la verdad sino ejercer el poder con el propósito de cambio social.”
El lenguaje como herramienta. Para los posmodernistas, el lenguaje no es una herramienta cognitiva para entender la realidad, sino funcional, principalmente para persuadir. Esto surge de su epistemología anti-realista, que afirma que el lenguaje solo se conecta con más lenguaje, nunca con una realidad no lingüística. En consecuencia, no existe un estándar objetivo para distinguir verdad de falsedad, o literal de metafórico.
Retórica sin cognición. Richard Rorty afirma explícitamente que no ofrece argumentos contra vocabularios opuestos, sino que intenta hacer que el suyo "parezca atractivo." Esto redefine la retórica como persuasión en ausencia de cognición. Para muchos posmodernistas, que ven las relaciones sociales como conflictos brutales, el lenguaje se convierte en un arma. Esto explica la naturaleza dura y a menudo ad hominem del discurso posmodernista, donde la efectividad, no la verdad, es lo primordial.
Una respuesta estratégica. Frente a los fracasos históricos del socialismo, los posmodernistas no se involucran en la búsqueda tradicional de la verdad (cuestionar premisas, buscar alternativas, aceptar responsabilidad moral). En cambio, atacan la misma idea de verdad y racionalidad. La visión de Rorty de que "una buena izquierda... no se preocupa mucho por nuestros pecados pasados" ejemplifica esto. Por tanto, el posmodernismo es un uso estratégico de la epistemología escéptica para justificar la creencia continua en el socialismo y librar una guerra retórica contra el capitalismo.
9. El Posmodernismo Maquiavélico: La Contradicción como Táctica
Los discursos son elementos tácticos o bloques que operan en el campo de las relaciones de fuerza; pueden existir discursos diferentes e incluso contradictorios dentro de la misma estrategia.
Inconsistencia estratégica. El posmodernismo exhibe a menudo contradicciones evidentes: afirmar que toda verdad es relativa mientras sostiene la verdad del posmodernismo, defender la igualdad cultural mientras condena la cultura occidental, o denunciar la dominación mientras practica la corrección política. Esto no es accidental ni un lapsus psicológico; es una estrategia maquiavélica deliberada.
El relativismo como distracción. La postura relativista sirve como maniobra táctica. Al perder un debate, apelar a la "opinión" o a la "semántica" puede desviar la crítica y cambiar el foco del problema político a la epistemología. Esto gana tiempo y desorienta al oponente. El posmodernista no necesariamente cree en el relativismo que defiende; es una herramienta para minar la confianza del adversario en estándares objetivos.
La deconstrucción como arma. La deconstrucción, por ejemplo, se usa como estrategia educativa para desmantelar puntos de vista opuestos. Kate Ellis, feminista radical, emplea la deconstrucción para socavar los valores "liberales capitalistas" de los estudiantes, creando un vacío que se llena con principios de izquierda. La broma de Sokal demostró cómo revistas posmodernas priorizaron la alineación política sobre el rigor científico, publicando un artículo que parodiaba la crítica posmoderna a la ciencia. Esto revela que la agenda política es primaria y las afirmaciones epistemológicas son instrumentales.
10. Ressentiment y Nihilismo: El Impulso para Destruir la Ilustración
Cuando algunos hombres no logran lo que desean hacer, exclaman airadamente: “¡Que todo el mundo perezca!”
La amargura del fracaso. Una corriente más oscura y nihilista atraviesa el posmodernismo, enraizada en el concepto nietzscheano de ressentiment—una amargura agria, envidia y autodesprecio de los débiles hacia los fuertes. Habiendo presenciado los repetidos fracasos del socialismo y el florecimiento del mundo ilustrado (liberalismo, capitalismo, ciencia, tecnología), los posmodernistas, invertidos en una visión fallida, experimentan profunda ira y desesperación.
El deseo de la desaparición. Este estado psicológico se manifiesta como un deseo de destrucción. Foucault, por ejemplo, expresó anhelo por su propia desaparición y la eventual "desaparición" de la humanidad, "como un rostro dibujado en la arena al borde del mar." Derrida habló de abrazar la "forma aterradora de monstruosidad" que anuncia un nuevo nacimiento. Esto recuerda al arte dadaísta, donde el urinario de Marcel Duchamp simbolizaba "El arte es mierda," una declaración de sin sentido y un deseo de desfigurar y destruir el valor artístico establecido.
Atacar el valor moral. Incapaz de derrotar al mundo ilustrado en confrontación abierta, el posmodernismo recurre a tácticas al estilo de Iago. Ataca el orgullo central de la Ilustración: su compromiso con la igualdad, la justicia, la apertura mental y el logro científico. Al etiquetarla de sexista, racista, dogmática y explotadora, los posmodernistas buscan minar su valor moral y confianza. El objetivo no es ganar un debate ni construir un sistema mejor, sino infligir daño, destruir la psique del oponente, aunque no conduzca a nada.
Resumen de reseñas
Las reseñas de Explicando el posmodernismo están marcadamente divididas. Sus defensores elogian a Hicks por rastrear las raíces filosóficas del posmodernismo y vincularlo con los fracasos del socialismo, calificándolo de convincente y accesible. Por otro lado, los críticos sostienen que tergiversa a filósofos clave como Kant, Hegel, Heidegger, Derrida y Foucault, recurre a argumentos falaces y permite que su sesgo objetivista y randiano distorsione su análisis. Varios comentaristas señalan que confunde el posmodernismo con la teoría crítica, mientras que otros valoran su identificación de vínculos entre el posmodernismo y el colectivismo de izquierda. El libro mantiene una calificación intermedia de 3.88, reflejo de estas respuestas profundamente polarizadas.
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