Ideas clave
1. Occidente está perdiendo guerras debido a la atrofia estratégica
La última vez que Estados Unidos ganó un conflicto de forma decisiva, la electrónica mundial funcionaba con tubos de vacío.
Una realidad sombría. Desde la Segunda Guerra Mundial, el ejército estadounidense, a pesar de contar con recursos y entrenamiento sin igual, ha fracasado sistemáticamente en alcanzar sus objetivos en conflictos como Corea, Vietnam, Irak y Afganistán. Esto no es un asunto partidista, sino un problema estadounidense que refleja algo más profundo: una falsa concepción de la victoria y una negativa a reconocer el fracaso. Occidente, incluyendo Reino Unido y la OTAN, está atrapado en atolladeros, perdiendo rutinariamente ante enemigos más débiles.
Incompetencia estratégica. El problema central no es la falta de tropas superiores, tecnología o presupuesto; es un defecto fundamental en el pensamiento estratégico. Muchos expertos están en negación, aferrándose a nociones obsoletas de la guerra o descartando el conflicto por ser demasiado caótico para entenderlo. Esta “atrofia estratégica” nace del anhelo de librar guerras convencionales como si fuera 1945, ignorando que la guerra ha evolucionado.
Desorden duradero. El siglo XXI se define por un “desorden duradero”, un estado de caos perpetuo donde las soluciones tradicionales fracasan. Los conflictos armados se han duplicado desde la Segunda Guerra Mundial, los acuerdos de paz suelen colapsar y viejas fracturas resurgen. No es anarquía, sino un retorno a una norma pre-westfaliana donde el conflicto arde sin cesar. Occidente está peligrosamente desprevenido, mientras adversarios como Rusia, China y grupos terroristas explotan este desorden jugando con reglas nuevas y no reconocidas.
2. La guerra convencional está muerta; los futuros conflictos serán postconvencionales
La guerra convencional está muerta. Quienes se aferren a la mentalidad tradicional probablemente ni siquiera reconocerán los futuros conflictos como guerras, hasta que sea demasiado tarde.
Un modelo obsoleto. La estrategia occidental de “guerra convencional”, basada en la Segunda Guerra Mundial, asume combates entre estados donde el poder de fuego y la victoria en el campo de batalla son supremos. Esta mentalidad de “Gran Guerra”, influida por Carl von Clausewitz, ya es obsoleta. La Paz de Westfalia (1648) estableció a los estados como los únicos actores legítimos en la guerra, pero ese orden está muriendo, con los estados retrocediendo globalmente y siendo reemplazados por otras entidades.
Una ilusión peligrosa. A pesar de las amargas lecciones de Vietnam, Somalia, Irak y Afganistán, Occidente sigue diseñando sus fuerzas armadas para un tipo de guerra que nadie más libra. Las guerras no convencionales han aumentado drásticamente desde 1945, mientras que los conflictos interestatales convencionales están casi extintos. Esta fijación en el pasado asegura el fracaso, pues los enemigos libran la guerra en el presente, a menudo sin uniformes tradicionales ni líneas claras de batalla.
Transformar el ejército. Para ganar, Occidente debe abandonar su enfoque anticuado. Esto implica:
- Dejar de comprar armas convencionales: Miles de millones gastados en F-35 y portaaviones son irrelevantes frente a amenazas modernas.
- Invertir en fuerzas de operaciones especiales (FOE): Son efectivas pero están subfinanciadas.
- Reequilibrar componentes activos y de reserva: Pasar a los combatientes convencionales a la reserva y las funciones de apoyo a la actividad.
- Cultivar guerreros-diplomáticos: Individuos inmersos en el idioma, cultura y política local.
- Empoderar agencias civiles: Dominio de la información, sanciones financieras y mensajes estratégicos son cruciales.
3. La tecnología no ganará guerras; invierta en personas y astucia
La tecnología llamativa no gana guerras.
Utopía tecnológica. La fe occidental en armamento avanzado, ejemplificada por el caza F-35 (el arma más cara de la historia con 1.5 billones de dólares), es una forma de autoengaño. A pesar de sus impresionantes especificaciones, el F-35 no ha realizado ninguna misión de combate en guerras actuales y tiene dificultades frente a aviones más antiguos. Esta obsesión por lo “cool” en lugar de herramientas efectivas es un “utopismo tecnológico” que ciega a Occidente ante las realidades del conflicto moderno.
Utilidad decreciente de la fuerza. Desde la Segunda Guerra Mundial, los ejércitos de alta tecnología han sido rutinariamente frustrados por oponentes de baja tecnología. La humilde bomba casera a menudo supera a las “armas inteligentes”, y el AK-47 sigue siendo el verdadero arma de destrucción masiva por número de víctimas. La “Estrategia del Tercer Desplazamiento”, que promete la victoria mediante robótica e inteligencia artificial, es un reinicio de teorías fallidas de los años 90, ignorando que la tecnología ya no es decisiva en la guerra.
Invertir en materia gris. La colisión del USS Fitzgerald, causada por personal no entrenado a pesar de sistemas avanzados, subraya el peligro de depender demasiado de la tecnología en detrimento de habilidades humanas fundamentales. Las guerras futuras serán de baja tecnología, con enemigos que arman lo cotidiano. La solución es invertir en personas, no en plataformas, reconociendo que la inteligencia y adaptabilidad humanas superan al silicio.
4. La guerra y la paz coexisten; explote la “zona gris”
Adversarios astutos aprovechan el espacio entre la guerra y la paz para causar efectos devastadores.
Líneas difusas. La dicotomía occidental tradicional de “guerra o paz” es una ilusión peligrosa. Adversarios como Rusia y China explotan la “Zona Gris” —el espacio entre la guerra declarada y la paz formal— para lograr objetivos estratégicos sin provocar una respuesta militar convencional. La “Guerra de Nueva Generación” rusa en Ucrania y la estrategia de las “Tres Guerras” chinas en el Mar de China Meridional son ejemplos claros.
Guerra por otros medios. La estrategia china, por ejemplo, busca minar la voluntad del enemigo antes de que comience el combate, usando:
- Guerra psicológica: Engaño estratégico, rumores, narrativas falsas, presión diplomática.
- Guerra mediática: Manipulación de la opinión pública mediante medios estatales (CCTV) e influencia en Hollywood.
- Derecho bélico: Torcer o reescribir el derecho internacional para reforzar reclamaciones territoriales y socavar la legitimidad del adversario.
Parálisis estratégica. La visión occidental de “luz o apagado” en la guerra la deja inerte ante estas guerras no convencionales. Mientras EE.UU. construye más armas convencionales, China se apropia de islas y socava alianzas. Esto subraya la urgente necesidad de una nueva gran estrategia que reconozca la coexistencia constante de guerra y paz, permitiendo una acción proactiva en la Zona Gris en lugar de esperar una declaración formal de hostilidades.
5. “Corazones y mentes” no importan; la contrainsurgencia efectiva es brutal
Ganar corazones y mentes, como Occidente concibe hoy la COIN, es irrelevante.
Una doctrina fallida. La estrategia contrainsurgente “centrada en la población”, popularizada por el general David Petraeus, prometía la victoria ganando a las poblaciones locales mediante construcción nacional y servicios sociales. Sin embargo, este enfoque fracasó estrepitosamente en Irak y Afganistán porque asumió erróneamente que las poblaciones son sobornables y que los conceptos occidentales de legitimidad aplican universalmente.
Brutalidad histórica. Las estrategias COIN exitosas a lo largo de la historia han sido mucho más despiadadas:
- Drenar el pantano: Coaccionar o eliminar a la población que apoya a los insurgentes, como Roma en Judea.
- Exportar y reubicar: Dispersar forzosamente grupos étnicos para extinguir la rebelión, como Stalin con los chechenos.
- Importar y diluir: Inundar una región con propia población para suprimir la resistencia nativa, como China en el Tíbet.
Una elección de Hobson. La COIN efectiva es brutal y sin corazón, a menudo parecida al colonialismo. Mientras Occidente rehúye estos métodos, su enfoque actual solo prolonga los conflictos y permite que el terrorismo y las insurgencias se enquisten. La alternativa es aceptar que se necesita una presencia robusta y a largo plazo, pero sin arriesgar a las tropas occidentales en ataúdes.
Formar una Legión Extranjera. La solución es crear legiones extranjeras, al estilo de la francesa, compuestas por reclutas globales dirigidos por oficiales occidentales. Estas unidades:
- Proporcionarían presencia prolongada “sobre el terreno” en regiones desordenadas.
- Reducirían bajas occidentales, ofreciendo libertad política de maniobra.
- Reemplazarían milicias proxy poco fiables y contratistas privados sin rendición de cuentas.
- Ofrecerían un camino a la ciudadanía, atrayendo reclutas dedicados.
6. Los mercenarios han regresado y están transformando la guerra
Los mercenarios han vuelto. Lo sé porque fui uno.
La segunda profesión más antigua. Los mercenarios, o “compañías militares privadas”, no son un fenómeno nuevo sino un retorno a la norma histórica. Durante la mayor parte de la historia, alquilar fuerza era más barato que poseerla, y los mercenarios fueron el principal instrumento de guerra. El Orden Westfaliano los suprimió temporalmente, pero han resurgido, especialmente tras las guerras estadounidenses en Irak y Afganistán.
Un mercado en auge y sin regulación. Más de la mitad del personal militar en las guerras recientes de EE.UU. fueron contratistas, proporción que sigue creciendo. Esto ha creado un mercado global multimillonario para la fuerza privada, con compañías como el Grupo Wagner ruso operando con letal eficacia. Este mercado está mayormente sin regulación, sin un poder judicial o policial internacional que haga cumplir leyes, lo que genera:
- Riesgo moral: Los clientes son más imprudentes cuando no sangran sus propios.
- Prolongación del conflicto: Los mercenarios tienen incentivos para iniciar y alargar guerras por lucro.
- Dilemas de seguridad: La proliferación de fuerza privada provoca carreras armamentistas y escaladas accidentales.
- Traiciones: Las disputas se resuelven con engaños, no con la ley.
La inutilidad de la ley. Los intentos de prohibir o regular a los mercenarios han fracasado en gran medida. Muchos compradores son estados, dificultando acciones legales, y actores no estatales simplemente se trasladan a paraísos. El mercado de la fuerza ha llegado para quedarse, y su lógica —Clausewitz se encuentra con Adam Smith— distorsionará profundamente la guerra, haciéndola menos política y más economía política.
7. Nuevos poderes no estatales gobernarán y librarán guerras sin estados
Cuando los superricos pueden alquilar ejércitos, se convierten en un nuevo tipo de superpotencia, capaz de desafiar a los estados y su orden basado en reglas.
El retroceso de los estados. Muchos de los 194 estados del mundo son frágiles o están fallando, creando un vacío de autoridad. Esta erosión del poder estatal fomenta la aparición de nuevos actores globales que llenarán el vacío, incluyendo:
- Insurgentes y califatos: Como ISIS, estableciendo un gobierno de facto.
- Corporatocracias: Multinacionales que contratan sus propios ejércitos para proteger activos en regiones peligrosas.
- Narcoestados: Carteles de droga que se convierten en gobernantes de facto, como en Acapulco, México.
- Reinos de señores de la guerra: Individuos que toman el poder y gobiernan territorios.
- Señores mercenarios: Capitanes mercenarios que se instalan como gobernantes, eliminando intermediarios.
La nueva élite. El 1% global y las megacorporaciones, ya más poderosos que muchos estados en lo económico, ahora pueden alquilar poder de fuego industrial. Esta mercantilización de la guerra significa que multimillonarios, megaíglesias y ONG podrían lanzar sus propias “cruzadas” o intervenciones humanitarias, eludiendo a los actores estatales tradicionales. La Compañía Británica de las Indias Orientales es un precedente histórico de corporaciones con enorme poder militar.
Estados profundos. Más allá de estos actores externos, los “estados profundos” —alianzas institucionales dentro de un gobierno (militar, inteligencia, justicia) que operan fuera del control democrático— también emergen como nuevas superpotencias. No son conspiraciones, sino estructuras establecidas que priorizan sus propios intereses, como se ve en Turquía, Irán e incluso el complejo militar-industrial estadounidense. Su desenmascaramiento acelerará el desorden duradero.
8. Las guerras en la sombra dominarán, impulsadas por el engaño y la información
La negación plausible es más decisiva que el poder de fuego en la era de la información.
Guerra subterránea. Los futuros conflictos se librarán cada vez más en las sombras, donde la negación plausible es el centro de gravedad. Las grandes batallas de tanques han quedado atrás; ahora predominan guerreros enmascarados, fuerzas especiales, mercenarios y milicias proxy. Esto hace que la guerra sea “epistemológica”: la capacidad de discernir la verdad de la ficción determinará ganadores y perdedores.
La desinformación como arma. La estrategia rusa de “maskirovka” (mascarada) en Ucrania, usando “hombres verdes” y negando su presencia, es un ejemplo. Rusia se ha convertido en una “superpotencia de la desinformación”, empleando “medidas activas” como la cadena RT y “fábricas de trolls” para manipular la opinión pública y sembrar discordia en democracias. El objetivo es crear una “niebla de guerra” tan densa que la comunidad internacional no pueda establecer hechos básicos, impidiendo la intervención.
Las artes oscuras. La antigua sabiduría de Sun Tzu, “Toda guerra se basa en el engaño”, es más relevante que nunca. El “enfoque indirecto” busca burlar al enemigo, manipulándolo para que cometa errores estratégicos. Esto requiere supremacía informativa y una mente astuta más que marcial. Occidente, con su aversión a la “manipulación del conocimiento”, está en desventaja, pero debe aprender a luchar en las sombras sin sacrificar sus valores democráticos.
Guerra en la sombra occidental. Las democracias deben desarrollar su propia versión de guerra en la sombra, diseñada para socavar autocracias. Esto incluye:
- Herramientas cinéticas: Fuerzas no atribuibles para operaciones “de huella cero” o de falsa bandera.
- Herramientas no cinéticas: Información armada (trolls, bots, apoyo encubierto a disidentes, campañas de denigración contra autócratas).
- Presión económica: Sancionar élites, derribar precios del petróleo, facilitar la cleptocracia para erosionar gobernanza.
- Compromiso diplomático: Comunicarse con todos los actores relevantes, incluidos los no estatales.
9. La victoria es fungible y se logra con astucia, no solo con fuerza
El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar.
Más allá de la victoria en el campo de batalla. La obsesión occidental por la victoria en el campo de batalla, como se vio en el cartel “Misión cumplida” en Irak, es un vestigio del pensamiento de guerra convencional. La victoria es fundamentalmente política, no solo militar. Como demostró la guerra de Vietnam, ganar cada enfrentamiento táctico no significa nada si no se alcanzan los objetivos estratégicos. Los norvietnamitas ganaron al usar la información y erosionar la voluntad política estadounidense, no al superar militarmente a EE.UU.
Los débiles derrotan a los fuertes. Estrategias inteligentes permiten a los débiles vencer confiablemente a los fuertes, especialmente cuando estos son:
- Un ejército grande y convencional.
- Un invasor extranjero.
- Demasiado extendido.
- Lento para adaptarse.
- En una guerra de elección.
Por el contrario, los débiles ganan si luchan por sobrevivir, están unidos, pueden acceder a poblaciones simpatizantes y están dispuestos a sangrar. La “estrategia fabiana” —prolongar el conflicto para agotar al enemigo más fuerte— es un ejemplo atemporal, usada por George Washington y Mao Zedong.
La “tactización” de la estrategia. Los ejércitos occidentales a menudo confunden táctica (maniobrar pequeñas unidades) con estrategia (lograr objetivos políticos usando todos los instrumentos de poder). Esta “tactización” conduce a esfuerzos fútiles como la estrategia “golpear al topo” contra terroristas. La educación estratégica debe reformarse para cultivar “artistas de la guerra” —estrategas capaces de pensar creativamente sobre problemas complejos, no solo complicados. La victoria pertenece a la mente astuta, no solo a la fuerza bruta.
Resumen de reseñas
Las nuevas satisface del guerra presenta un análisis provocador de la guerra moderna y sostiene que las tácticas militares convencionales han quedado obsoletas. McFate argumenta que los conflictos del futuro estarán dominados por mercenarios, guerras en la sombra y actores no estatales. Mientras algunos lectores elogian la perspectiva fresca del libro y sus ideas estimulantes, otros critican sus inconsistencias y lo que perciben como arrogancia. El énfasis del autor en adaptarse a las nuevas formas de guerra e invertir en estrategias no convencionales resulta convincente para muchos, aunque algunos cuestionan la validez de abandonar por completo los enfoques militares tradicionales.
También leyeron
Preguntas frecuentes
What is The New Rules of War by Sean McFate about?
- Modern warfare redefined: The book explains how warfare has fundamentally changed, moving away from conventional state-on-state battles to complex, persistent conflicts involving nonstate actors, mercenaries, and shadow wars.
- Durable disorder concept: Sean McFate introduces "durable disorder," a global state of ongoing instability where traditional state power is declining and new forms of conflict dominate.
- Ten new rules: The author presents ten new rules of war, challenging outdated military thinking and offering a framework for understanding and navigating 21st-century conflict.
- Strategic adaptation needed: McFate argues that Western militaries and policymakers must adapt to these new realities or risk continued failure in modern wars.
Why should I read The New Rules of War by Sean McFate?
- Critical for understanding conflict: The book provides essential insights into why Western powers struggle in modern wars despite technological and numerical superiority.
- Actionable strategic advice: McFate offers practical strategies and frameworks for military professionals, policymakers, and anyone interested in global security.
- Relevance to current events: The analysis is highly relevant to ongoing conflicts in places like the Middle East, Africa, and Ukraine, helping readers make sense of contemporary warfare.
- Challenges conventional wisdom: The book encourages readers to rethink traditional views of war, peace, and victory, making it valuable for both experts and general audiences.
What are the key takeaways and new rules from The New Rules of War by Sean McFate?
- Conventional war is obsolete: Traditional state-on-state warfare is rare; modern conflicts involve nonstate actors, mercenaries, and ambiguous battlefields.
- Victory is multifaceted: Winning wars now depends on political, informational, and economic strategies, not just battlefield dominance.
- Rise of private and shadow wars: Mercenaries and covert operations are increasingly central, complicating conflict dynamics and requiring new approaches.
- Information is a weapon: Controlling narratives and engaging in information warfare are often more decisive than firepower.
What does Sean McFate mean by "durable disorder" in The New Rules of War?
- Persistent global instability: Durable disorder describes a world where conflicts smolder indefinitely, with no clear resolution or return to peace.
- Decline of state power: Traditional state authority is eroding, replaced by a chaotic system involving nonstate actors, criminal cartels, and private armies.
- New conflict landscape: Nearly half the world experiences some form of ongoing conflict, with peace agreements often failing quickly.
- Strategic implications: This environment demands new strategies and tools, as old models of war and peace no longer apply.
How does The New Rules of War by Sean McFate explain the failure of Western militaries in recent conflicts?
- Strategic atrophy: Western militaries are stuck in outdated models, preparing for wars that no longer exist, such as large-scale tank battles.
- Overreliance on technology: Heavy investment in high-tech weapons often proves irrelevant against adaptive, low-tech enemies.
- Lack of grand strategy: Western powers frequently lack coherent, flexible strategies that address the complexities of modern conflict.
- Tactical success, strategic failure: Successes on the battlefield do not translate into lasting political victories, as seen in Iraq and Afghanistan.
What is the significance of mercenaries and private military companies in The New Rules of War by Sean McFate?
- Resurgence of mercenaries: Private military companies are now central players in modern warfare, providing flexible and deniable military power.
- Changing power dynamics: The rise of mercenaries allows billionaires, corporations, and nonstate actors to wield military force, challenging state monopolies.
- Legal and ethical dilemmas: International law struggles to regulate mercenaries, raising questions about accountability and the future of warfare.
- Potential for instability: Mercenaries can both stabilize and destabilize regions, depending on their clients and missions.
How does Sean McFate define and explain "deep state" in The New Rules of War?
- Institutional power brokers: The deep state consists of military, intelligence, and judicial institutions that operate independently of elected governments.
- Not mere conspiracy: Unlike secretive plots, deep states are institutional and act with tacit consensus, often openly influencing national policy.
- Global examples: Countries like Turkey, Iran, Egypt, and Russia exemplify deep states, while the U.S. military-industrial complex is cited as a Western variant.
- Strategic impact: Deep states can undermine democratic control and shape the direction of national security and warfare.
What are "private wars" and how do they affect modern warfare according to The New Rules of War by Sean McFate?
- Marketization of conflict: Private wars are fought by mercenaries and private military companies for profit, turning war into a commodity.
- Lower barriers to conflict: The availability of hired guns makes it easier for various actors to initiate and escalate conflicts.
- Moral hazard and escalation: Clients may take greater risks, and mercenaries may prolong wars for financial gain or switch sides.
- Strategic management needed: Understanding the dynamics of private wars is crucial for both buyers and providers to avoid exploitation and instability.
What are "shadow wars" and why will they dominate future conflicts according to The New Rules of War by Sean McFate?
- Covert and deniable operations: Shadow wars are fought through deception, plausible deniability, and covert actions rather than open battles.
- Information warfare central: Disinformation, propaganda, and narrative control are key tactics in shadow wars.
- Examples in practice: Russian operations in Ukraine and covert CIA missions illustrate the effectiveness of shadow war strategies.
- Democratic challenges: Democracies struggle with shadow wars due to transparency and accountability, requiring new capabilities to compete.
How does Sean McFate in The New Rules of War redefine the concept of victory in modern warfare?
- Victory is fungible: Success can be achieved through political, economic, informational, or subversive means, not just military triumph.
- Narrative control matters: Winning the information war can be more decisive than battlefield victories, as seen in the Tet Offensive.
- Multiple paths to success: Strategic subversion, influence operations, and indirect actions can all lead to victory.
- Need for creative strategists: Militaries must develop "war artists" who can think beyond traditional tactics to achieve strategic goals.
What role do information and disinformation play in modern warfare according to The New Rules of War by Sean McFate?
- Information as a weapon: Propaganda, fake news, and strategic storytelling are central to shaping public opinion and political outcomes.
- Disinformation campaigns: State actors like Russia use media outlets and troll farms to manipulate perceptions and sow discord.
- Vulnerability of democracies: Open societies are particularly susceptible to information warfare, often pressured by public opinion shaped by manipulated narratives.
- Countermeasures required: Effective defense demands aggressive and creative influence operations to counter adversaries' information campaigns.
What strategic education reforms does Sean McFate propose in The New Rules of War?
- Early strategic training: McFate advocates for introducing strategic thinking early in military careers, not just at senior levels.
- Developing "war artists": He calls for cultivating leaders who combine creativity, moral judgment, and strategic insight, drawing from diverse traditions.
- Bridging tactical and strategic gaps: The book warns against confusing tactical success with strategic victory and urges integrated thinking across all levels of war.
- Incorporating liberal arts: Broader education, including the study of Sun Tzu and other non-Western strategists, is recommended to foster adaptable and innovative leaders.
What are the best quotes from The New Rules of War by Sean McFate and what do they mean?
- "War is armed politics." This quote encapsulates the book’s central thesis that war is fundamentally about achieving political objectives, not just military victories.
- "Conventional war is dead." McFate stresses that traditional state-on-state warfare is obsolete, urging readers to rethink how wars are fought and won.
- "Victory is fungible." The author highlights that success in war can take many forms, including information dominance and strategic subversion.
- "Mercenaries will return." This prediction underscores the resurgence of private military actors and their impact on global conflict.
- "There is no such thing as war or peace—both coexist." McFate challenges the binary view of conflict, emphasizing the persistent ambiguity of modern warfare.
Descargar PDF
Descargar EPUB
.epub digital book format is ideal for reading ebooks on phones, tablets, and e-readers.